Anticapitalistas en la Otra

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Firma en contra de la reactivación del proyecto de despojo en Atenco

martes, 10 de mayo de 2011

Socialismo o Barbarie, declaración= No derramamos lágrimas por bin Laden, pero... ¡Repudiamos el terrorismo de Estado del imperialismo yanqui

 

Declaración de la corriente internacional Socialismo o Barbarie

No derramamos lágrimas por bin Laden, pero...

¡Repudiamos el terrorismo de Estado
del imperialismo yanqui!


El domingo 1º de mayo, en una inesperada conferencia de prensa, Obama anunció la muerte –o, más apropiadamente, el asesinato– de Osama bin Laden.

Los informes y relatos confusos y contradictorios del gobierno yanqui, el hecho que se niegue a mostrar una sola fotografía del occiso y que, además, diga que no puede presentar el cuerpo de bin Laden porque lo ha arrojado al mar, ha alimentado toda clase de dudas y especulaciones. Es que no hay ningún observador ni testigo independiente que pueda corroborar alguna de esas afirmaciones de Obama y sus funcionarios.

Sin embargo, lo más probable es que, efectivamente, el comando de sicarios enviado por la Casa Blanca a Abbottabad, Pakistán, diese muerte a Osama bin Laden. Sus mismos partidarios en la región parecen dar eso por cierto.

Detenerlo para someterlo a un juicio –aunque éste fuese una parodia– podía convertirse en un boomerang para un imperialismo responsable directo o indirecto de la muerte de millones de seres humanos en el “gran Medio Oriente”, desde que en 1991 Bush (padre) lanzara la primera guerra de Iraq y en la década siguiente su hijo iniciara las ocupaciones coloniales de Afganistán e Iraq.

Para peor, Osama bin Laden era un “hijo descarriado” de la CIA. Su carrera de sangre no comenzó en septiembre de 2001 con el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, sino como coordinador –designado por la CIA y Arabia saudita– de los jihadistas islamistas que venían de muchos países a “combatir el comunismo” en Afganistán durante los años ’80. En ese entonces, para EEUU, bin Laden y su gente no eran “terroristas” sino “freedom fighters”, “luchadores por la libertad” alabados en las películas de Hollywood.

¡Hubiese sido, entonces, muy interesante oír a bin Laden en un juicio! Eso debe haber motivado que los mafiosos de la Casa Blanca, prudentemente, recordaran que “los muertos no hablan”.

El terrorismo de Estado del gendarme mundial

Sean como sean los porcentajes de realidad y de fábula en las informaciones sobre la operación de Abbottabad, hay un punto central, infinitamente más importante.

Este punto es que el imperialismo yanqui se arroga el derecho de asesinar a quien se le dé la gana en cualquier lugar del planeta. Estados Unidos tiene carta blanca para enviar un grupo de sicarios a otro país para matar a quien su gobierno quiera.

Hasta desde el punto de vista del derecho internacional burgués, lo que ha cometido Obama es pura y simplemente un crimen, es un asesinato por motivos políticos, cometido además mediante el aparato militar del Estado norteamericano. Dicho de otra manera: es puro y simple terrorismo de Estado.

Por ese motivo, los farsantes de la ONU quedaron en los primeros instantes mudos y confundidos... antes de deshacerse en felicitaciones a Obama y besar la amno que los alimenta. Es que toda la cháchara sobre el “derecho internacional” y la “comunidad internacional” se vino abajo frente a este hecho brutal.

Con esta acción, EEUU trata de revalidar su título de gendarme mundial... pero con un agravante. En los estados burgueses “democráticos” y “normales”, no es legal para gendarmes y policías asesinar a quien quieran. EEUU, por el contrario, no sólo se autoproclama gendarme mundial, sino también juez y verdugo que no tiene que rendir cuentas a nadie!!

Por eso, no “se hizo justicia” como proclamó Obama. ¡No “se hizo justicia”, ni siquiera en términos de legalidad democrático–burguesa!

Bin Laden, Al Qaeda y el carácter del “fundamentalismo” islámico

La gravedad de lo implicado en estos asesinatos (tanto del presunto “jefe de Al Qaeda” como de los que estaban en su residencia), ha quedado peligrosamente confusa por el carácter de un personaje como bin Laden, política y humanamente indefendible.

El “fundamentalismo” islámico en general y bin Laden en particular no han sido corrientes progresivas, aunque hayan tenido finalmente choques con el imperialismo. La trayectoria de Bin Laden corporiza eso en gran medida.

Su carrera se inicia en los ’80 militando al servicio del imperialismo yanqui y de uno de los regímenes más retrógrados del mundo: el de Arabia saudita. En esos momentos, la política de Washington era apoyar a los “islamistas”, especialmente los dispuestos marchar a Afganistán. Allí bin Laden “creó” Al Qaeda. Inicialmente no fue una “organización”, sino la base de datos hecha por bin Laden para la CIA de los islamistas que iban a combatir allí.

Pero la ruptura con EEUU y luego el atentado terrorista de septiembre de 2001 no hizo más progresivos a bin Laden y su corriente. Por eso, en esa oportunidad, quienes constituimos años después la corriente Socialismo o Barbarie, nos manifestamos “totalmente en contra de estas acciones terroristas”:

“En primer lugar, la gran mayoría de las víctimas son empleados y obreros norteamericanos, a los que no se puede simplemente identificar con su burguesía y su estado imperialista. Nada humano nos es ajeno. Y, desde el punto de vista humano, nos solidarizamos con ellos y sus familiares, al tiempo que subrayamos la responsabilidad que el imperialismo tiene en esta tragedia. Con estos métodos no se va a acabar con el capitalismo ni la opresión imperialista, ni menos aun por ese camino iremos hacia una sociedad más justa, el socialismo.

“En segundo lugar, estas acciones, por más ‘espectaculares’ que ellas sean, no debilitan verdaderamente el poder del enemigo. Por el contrario, el momentáneo estrago que pueden provocar en sus filas, no es nada comparado con la confusión que producen en el campo de los trabajadores y los pueblos. Así, un sector importante del pueblo norteamericano está pidiendo una ‘respuesta militar’; es decir, volver a ser carne de cañón de la burguesía yanqui como en Vietnam. Antes del atentado había, en cambio, una fuerte oposición a las aventuras militares en el extranjero.

“[...]Como una de las consecuencias nefastas de los atentados, Bush, junto con otros gobernantes imperialistas como Tony Blair, los está aprovechando para estructurar un frente contrarrevolucionario y represivo a escala nacional y mundial.” (Declaración del MAS, septiembre 2001)

¡Y, lamentablemente, así fue! Sin los muy convenientes atentados de septiembre de 2011, al imperialismo le hubiese sido imposible desatar las guerras coloniales de Afganistán e Iraq, e impulsar en EEUU (y también en Europa) una ola de “islamofobia”, muy útil para cegar a las masas obreras y populares de esos países sobre quiénes son sus verdaderos enemigos.

Los atentados del 11 de septiembre fortalecieron al imperialismo, especialmente al de EEUU. Durante varios años sirvieron para legitimar a los ojos de las masas, especialmente de los países imperialistas, las más aberrantes guerras coloniales y el apoyo a los dictadores y autócratas prooccidentales de esa región, así como también el genocidio del pueblo palestino a manos de Israel.

La rebelión del mundo árabe y la muerte política de bin Laden

La desaparición física de bin Laden se da en un momento de ocaso de las corrientes fundamentalistas islámicas, como mínimo entre los pueblos árabes. No es casual que estas corrientes, entre ellas la de Al Qaeda, hoy sólo tengan peso en regiones no árabes (como Afganistán y sectores de Pakistán). Bin Laden ya había sido políticamente sepultado por la ola de rebeliones del mundo árabe.

Es lo opuesto de lo que sucedió en las últimas décadas del siglo pasado, cuando se desarrollaron con fuerza las corrientes islámicas fundamentalistas. La gran rebelión de los pueblos árabes ha mostrado, por el contrario, la irrupción de amplios sectores laicos, “seculares”. ¡En ninguno de los países donde han estallado luchas y hasta rebeliones, la religión y/o las disputas sectarias han sido una línea de demarcación!

Simultáneamente, las corrientes del “Islam político” han estado por atrás de esos acontecimientos. Esto ha sido así tanto para las corrientes moderadas –como la Hermandad Musulmana de Egipto– como para las fundamentalistas ya muy debilitadas. No han jugado un papel relevante ni de vanguardia en ninguna de las revueltas y protestas.

Asimismo, el proceso que se ha desatado, amenaza directamente a los estados más religiosos y antilaicos de la región: Arabia Saudita e Irán. Aunque este último no es un país árabe, las “ondas de choque” del terremoto también lo afectan.

Obama se alza con un triunfo coyuntural pero que no cambia la tendencia profunda de crisis y decadencia del imperialismo yanqui

Organizado como un show de campaña electoral, Obama está haciendo sobre el escenario el papel de gran vencedor, con el ojo puesto en la reelección. Más ampliamente, esto se trata de presentar como un gran triunfo estratégico del imperialismo yanqui en la imprecisa e inacabable “guerra contra el terrorismo”.

Sin embargo, después de que se apagan los reflectores y termina el show, el balance resulta mucho menos grandioso. Obama y el imperialismo yanqui han obtenido un triunfo pero coyuntural y de limitados alcances. Éste se basa, una vez más, en el casi único factor en que EEUU sigue llevando una ventaja decisiva: su poder militar.

Pero nada de esto revierte las tendencias profundas de crisis y decadencia económica, social y geopolítica del imperialismo yanqui. Incluso en el plano estrictamente militar, puede surgir un serio problema. Que muchos estadounidenses se cuestionen: “¿si ya ganamos la guerra contra el terrorismo, que estamos haciendo en Afganistán e Iraq?”

Mientras tanto, en EEUU, la borrachera “patriótica” tiene como contrapartida que el desempleo no cede, y que toda una generación está condenada a la “austeridad”, a los recortes presupuestarios, a los bajos salarios y la precariedad laboral... mientras el 1% de billonarios vuelve a tener superganancias... y paga cada vez menos impuestos...

A escala mundial, esto no va a revertir las tendencias a “indisciplinarse” respecto al imperialismo yanqui, lo que va configurando un mundo cada vez más caótico. Tampoco las masas en rebelión del “gran Medio Oriente”, aunque no prime en ellas el fundamentalismo islámico, van a volverse devotas de Washington.

Todo esto, por supuesto, no implica subestimar el poderío que aún conserva este imperialismo. Está en franca decadencia pero no al borde del derrumbe.

“El capitalismo estadounidense quiere establecer una autocracia imperialista sobre todo nuestro planeta”, alertaba Trotsky en 1924, cuando EEUU apenas iniciaba su ascenso. ¡Hoy, a pesar de su declive, esa pretensión sigue en pie!

Es esa pretensión de sostener “una autocracia imperialista sobre todo nuestro planeta” lo que está detrás de la incursión criminal a Abbottabad, Pakistán, y no la preocupación por las víctimas del 11 de septiembre. Y es desde esa perspectiva que debemos definirnos, repudiándola.

¡Repudiemos el terrorismo de Estado del imperialismo yanqui!

¡Fuera el gendarme mundial!

Corriente internacional Socialismo o Barbarie
7 de mayo de 2011

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